
En 2021, Borja Ibáñez, cardiólogo y director científico del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), recibió el Premio a la Investigación Jesús Serra por su trabajo sobre cómo determinados abordajes nutricionales podrían ayudar a prevenir la cardiotoxicidad asociada a algunos tratamientos contra el cáncer. Cinco años después, y con motivo del Día Mundial del Corazón, queremos conocer cómo ha evolucionado el proyecto de investigación, qué resultados ha dado y hacia dónde se dirige ahora.
En 2021 recibiste el Premio a la Investigación Jesús Serra por un proyecto centrado en prevenir la cardiotoxicidad de algunos tratamientos contra el cáncer mediante abordajes nutricionales. ¿Qué os proponíais investigar y por qué era relevante?
Nos proponíamos investigar si una intervención nutricional basada en modificar el porcentaje de macronutrientes en la dieta se podía asociar a una prevención de la toxicidad cardíaca que provocan las antraciclinas, que son un fármaco que se utiliza muy frecuentemente para el tratamiento del cáncer. Hemos tenido ya resultados muy interesantes, que de hecho se van a publicar próximamente.
¿Qué habéis descubierto desde entonces y cuáles son los principales resultados que habéis obtenido?
Lo que hemos visto es que, por un lado, una dieta muy alta en proteínas es capaz de prevenir la atrofia cardíaca que se provoca como consecuencia del uso de antraciclinas. Y por otro lado, en otro estudio de la misma línea de investigación, hemos demostrado que una dieta alta en grasas de componentes de la dieta mediterránea – como aceite de oliva o nueces – también se asocia con una protección global de todo el metabolismo del corazón y la función cardíaca. Por tanto, estos dos estudios, que son consecuencia directa del estudio por el que me dieron este premio y que próximamente van a ser publicados, claramente demuestran que existen abordajes nutricionales que pueden ser capaces de prevenir las consecuencias del tratamiento del cáncer.
Es importante resaltar que estos resultados los hemos obtenido en modelos animales de toxicidad cardíaca cardiovascular por antraciclinas. El de la dieta proteica se realiza en el modelo murino de ratón, y el de la dieta con componentes de grasa, se ha sido realizado en un modelo muy relevante de animal grande, un modelo de cerdo de cardiotoxididad por antraciclinas.
¿En qué estáis trabajando ahora y cuáles son los próximos pasos para conseguir que estos avances puedan llegar a los pacientes?
El siguiente paso que vamos a realizar es diseñar un ensayo clínico en el cual pacientes que vayan a recibir la antraciclina y que tengan alto riesgo para desarrollar toxicidad cardiovascular, van a ser aleatorizados a recibir una dieta con alto contenido en grasas de componentes de la dieta mediterránea – principalmente aceite de oliva y nueces – o una dieta control. Con ello, vamos a evaluar si efectivamente esta intervención en pacientes humanos protege de esta toxicidad cardíaca asociada con el uso de este fármaco quimioterápico.